Una trompada que sale de la impotencia
por no encontrar las palabras certeras
se encuentra con un cristal refractario
que descompone su fuerza
en un abanico de mil direcciones.
Un guardia real británico
deja tirados en el piso del baño su uniforme rojo
y su gorro de peluche negro;
en una inmersión de agua con sales
suelta toda la rigidez muscular que sostiene su cuerpo,
y decide dedicarse a una danza más suelta.
Una varita maestra
señala el lugar exacto en el cual el embalse
presentará su primera grieta,
a partir de la cual la pura fuerza del agua
se encargará de abrir el tajo completo
y arrasarlo todo.
Mientras una ola se come el dibujo
de un corazón sobre la arena
que alguien acaba de hacer
con la punta del pie descalzo,
el niño autista
mira a los ojos de su madre
con presencia plena,
y pronuncia su nombre
por vez primera.