«La atención es un recurso escaso»
dijo el chimpancé
mediante una articulación vocal perfecta
ante la mirada perpleja
de sus dos entrenadores
en guardapolvo blanco.
A continuación
se tapó las orejas
hizo una mueca burlona
emitió un chillido
se dio vuelta
y agarró una banana.
Al cabo de muchos años,
ambos científicos morirían
primero uno
después el otro
sin haber escuchado
nunca más
otra palabra del mono,
y sin haber podido convencer a nadie
de que lo ocurrido aquella vez
había sido cierto.


................................................