I
Una vidente natural
nos contó que el día en que nosotros nacimos
quedaron desactivadas
todas las kriptonitas remanentes en el mundo.
Ese día coincidió
con el momento en que Súperman
generosamente cedió todos los derechos legales
sobre su traje azul
para que cualquier persona
de cualquier condición física,
sexo o edad
pudiera utilizarlo.
A partir de entonces cualquier toalla de color rojo
colgada sobre la espalda
de una camiseta azul
basta para que un niño
levante vuelo
al arrojarse de la mesa.
Será posible computar como suicidios
aquellas estadísticas de niños
que se lancen por el balcón al vacío
pero no vuelan
solamente
porque no desean hacerlo.
II
La vidente nos aseguró
que viviremos novecientos años aproximadamente.
De todas maneras, nosotros intuíamos
que tenemos todo el tiempo del mundo
para hacer y deshacer cosas a nuestro antojo:
Desarmar y armar automóviles en escala real
hasta sus mínimas piezas.
Reblandecer el yeso
que sostiene huesos fracturados,
y endurecerlo de nuevo.
Romper y luego remendar preservativos
Desenterrar y volver a enterrar
huesos de dinosaurio
Criar y descriar hijos
Traducir un libro, editar mil copias
y luego destraducirlo.
Despegar aviones
y volver a pegarlos
contra el suelo.
Tomar una pastilla para dormir
pero no ir a dormir
y beber un café.
Tenemos tiempo de aprender cualquier idioma
para hacernos amigos
en su lengua nativa
de todo aquél
que tenga un guiño brillante en su mirada.
Tenemos todo el tiempo del mundo
para aprender los secretos de la alquimia,
implementarlos para el beneficio de cualquier transeúnte,
y olvidarlos luego.
Nos reconciliaremos con la entropía inherente
a todas las cosas
inyectadas por el tiempo.
Seremos testigo del nacimiento y la muerte
de tortugas marinas y sequoias longevas.
Amaestraremos a los elefantes
para que respondan a su nombre,
nos acompañen con sus arrugas
y nos miren con sus lágrimas de anciano.
Bajaremos por los Andes en tobogán
hasta zambullirnos en el Pacífico
para proyectar nuestra mirada
hacia el Lejano Oriente.
Presenciaremos la época
en que las vacas desarrollarán un llanto
tan insoportablemente igual al humano
que hará estremecer la mano del verdugo carnicero
y soltar su cuchillo.
El Río de la Plata
invadirá Buenos Aires
tantas veces como le plazca.
Se filtrarán ríos subterráneos
que traerán bossa-nova y gaviotas;
árboles de mango perennes
emergerán desde el asfalto.
Fragmentarán a la avenida Corrientes
y los mendigos recolectarán
sus exuberantes frutas.
Una fuente gigante de agua cristalina
disparará un chorro hasta el cielo
en la intersección con Callao.
Los niños se zambullirán una y otra vez,
y se sumergirán alegremente
desdeñando el enojo de los automovilistas.
Los mendigos
atiborrándose de mangos gigantescos,
Los taxistas
tocando bocina enfurecidos,
Los payasos
haciendo malabares en la esquina,
y los niños nadando en la fuente,
se sincronizarán todos en
una coreografía muy candorosa y bella.
El día en que la comunicación sea telepática
los niños Asperger
dejaremos de ser sancionados
por violar convenciones sociales implícitas,
y encontraremos la manera
de renovar el mundo.