Mientras lijo la pared
de mi nueva habitación
descubro
los tarugos de plástico
sepultados bajo el yeso blanco
del inquilino anterior.
Están ubicados a la altura
en la que suelen colgarse
los cuadros
o los espejos.
Saco los tarugos
y queda un agujero
Le hago tragar a mi aspiradora
cosas más grandes
que las que puede tragar
mientras desvío la mirada a un costado
para evitar el polvo y el ruido.
En la ruta
excediendo el límite de velocidad
mientras sobrepaso a un camión
con mal olor
lleno de vacas
yendo a la costa
sólo por inercia,
los insectos que quedan estampados
en el parabrisas de mi coche
habían tenido
mil quinientos hijos.
Son las postales
de aquellos países
en los que me imaginé viviendo
pero que nunca me animé a visitar.
Aparece en la tele
un documental de esos lugares,
y yo los extraño
aunque no los conozca.
Durante
la noche
un segundo antes de quedarme dormido,
ocurre un sacudón de la pierna
de aquellos sueños
en forma de insectos
que no me quitan el sueño
pero regresan,
siempre regresan. .........................................................