Después del funeral,
el fuego incinera
el pecho de un cadáver.
Uno de sus allegados se las ingenia
para espiar ese momento.
Bajo las llamas
el cuerpo cambia su rictus
por el de un grito sofocado.
El allegado interpreta:
“Aún le restaban cosas por decir,
aún le quedaba gente a quien perdonar.”
La interpretación entorpece
el procesamiento de su duelo.
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