1
Del tinder pasamos al whatsapp
Las preguntas básicas
acerca de la identidad del otro
ya estaban saldadas.
La conversación se convierte ahora
en una lucha de esgrima.
Los dos nos llenamos de sangre.
Cuesta distinguir
cuál es la sangre de uno
y cuál, la del otro.
Bajamos las espadas,
nos quitamos el casco de rejilla metálica
y nos miramos por primera vez:
“¿Era ésto lo que queríamos?”.
Con un toque certero del dedo índice
la conversación se redime
en la papelera de reciclaje.
El celular queda nuevamente inmaculado.
2
Al escarbar torpemente en mi alacena
la porcelana de mi abuela,
se me cae un plato.
La princesa de Asturias llegará en cinco minutos
a tomar el té.
Está todo listo
menos los mil pedazos del plato en el suelo.
Barro todo.
Cuando llega
la princesa de vestido azul marino
no ve
ninguna astilla suelta en el piso,
lo que ve
es una cucaracha enorme
que cruza el living desorientada.
3
En mi casa
se corta la luz
Se corta la cadena de frío
viene el técnico
notamos el hilo de sangre que empieza a gotear
a través de la puertita del congelador.
Me digo: “debe ser la carne”
Él gira la cabeza
respira hondo
y pregunta “¿dónde están los fusibles?”.
Mientras los arregla
veo que lleva una pulserita verde en la muñeca
que dice “Go Vegan”.
4
Los centinelas de mi cementerio
tienen el acuerdo implícito
de hacer el relevo de la madrugada
dejando un hueco
para no cruzarse entre sí.
Uno se va media hora antes
mientras que el otro
llega media hora más tarde.
Aquello que mis muertos hacen
en ese intervalo
nadie lo sabe,
o bien ellos lo saben,
pero prefieren no contarlo.