—Por favor, basta de acercarse tanto—,
pidió el Mono Enviado a los fieles seguidores
que se habían aglomerado alrededor de él
en la entrada del templo.
A continuación encendió una vela de paciencia
para todos ellos,
los condujo hasta allí
y se quedaron contemplándola.
Luego se escapó por la puerta trasera,
abandonó su túnica morada en un cesto
y se encontró por primera vez con la selva.
Aprendería instantáneamente
nociones básicas de supervivencia
en ese nuevo territorio,
donde hablar
nunca volvería
a ser necesario.................................................................................................................