Estar siempre pendiente de las estrellas
con tu astrolabio
te distrae del cambio de temperatura que ocurre
en el lugar mismo donde estás
cada vez que te acercas a la equis
marcada en el suelo.
Es el punto justo donde el latido
más profundo de la Tierra
se hace palpable
al acercarle una oreja.
El ruido de tu mente
desdobla
a la verdad en dos:
lapicera,
y papel.
Arrojar perlas en la ruleta
para que se confundan con la pelotita blanca
y asegurarte varios números,
es análogo
a ignorar la tirada de monedas del I Ching,
y no es distinto
a esparcir semillas en el asfalto.
Mientras intentabas saltar al lago de los cisnes,
te alejabas de tu propia resonancia Schumann.
Saber que hay quinientas maneras distintas
de llegar al suelo
para recostarte de una vez,
quizá sea justamente
aquello que te impida
llegar al suelo.