A los pocos minutos de conocernos,
vos me dijiste:
“es justo el mismo tren
que pasa por mi casa”.
Esa misma noche
tiritamos frágiles como estrellas.
A los pocos días
ya nos deteníamos juntos a observar
cosas tan pequeñas como
la precaria resurrección de un insecto
luego de ser pisado por un zapato.
Celebrábamos aquellos dulces momentos
en los que no necesitábamos más nada,
justamente
no necesitando más nada.
Un plato de sopa bastaba
para exorcizar cualquier maleficio que anidara
por fuera de nuestra ventana.
Cambiábamos las sábanas
menos seguido de lo que cada uno solía hacer
antes de conocernos.
Un día descubrí
que tu sonrisa al aparecer
hacía clic como un encendedor,
al desaparecer
dejaba humo como un revólver.
Aún sigue siendo hoy
el mejor placebo para mis recuerdos.
“El sonido del violín me parece triste”,
dije una vez.
“Eso depende
de la música que toque”,
me corregiste.
En nuestras discusiones yo sentía
lo difícil de empujar el agua
o la suposición de que para contenerla
alcanzarían mis recipientes;
lo difícil de cambiarle
el gusto al mar.
Arrojar piedras hacia afuera
sólo me hacía notar
el pequeño habitáculo de vidrio
del que nunca sabré escaparme.
El mismo día en que se extinguió
el último de los sahumerios
que habíamos traído de la India
aterrizaste tu bicicleta contra mi puerta
dejando la rueda marcada,
tocaste el timbre y yo no había llegado,
en vez de pasar tus naipes de tarot por debajo de ella
para que los interpretara
me esperaste a que volviera
y me los arrojaste en la cara.
Ambos reconocimos que estábamos quemando las naves
a poco de haber zarpado
pero sólo yo era quien se preguntaba
“¿y ahora qué?”,
o era yo quien permanecía
mordiendo el limón entero.
A partir de allí
cada vez que te llamaba,
tu celular iluminaba eternamente
a tu cartera por dentro.
Llamarte sólo lograba
hacer más evidente tu indiferencia.
Me enteré de que viajarías
y perseguí en el aeropuerto
con la lengua afuera y mis policías interiores
aquella miel que rebasaba de tu valija,
hasta que llegué a aquella zona
donde sólo acceden

quienes tienen pasaje.