Mi madre no sabe
que mi padre es un robot.
Ella cree
que se trata de su mala actitud
para atender asuntos emocionales.
Mi padre se va a vivir a un lugar
en donde todos sus agujeros
pueden existir en paz,
un lugar donde
los circuitos electrónicos
que conforman su mente
quedan al resguardo del óxido.
Cada tanto se choca con algo
y queda dado vuelta
con sus rueditas girando hacia arriba,
y yo, su primogénito,
debo acudir
para acomodarlo
de nuevo en pie.
Mi madre se ha quedado ahora
sin nadie a quién reprocharle
la causa de todos sus pesares.
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